El penthouse se encontraba envuelto en una calma elegante, pero la tensión que flotaba en el aire era imposible de ignorar, Claudia caminaba de un lado a otro con una copa en la mano, su reflejo se repetía en los cristales mientras una sonrisa satisfecha no abandonaba su rostro, Antonio, en cambio, permanecía de pie junto a la ventana, observando la ciudad con el ceño fruncido, como si algo no terminara de encajar en su mente.
—Soy la heredera absoluta —dijo Claudia finalmente, rompiendo el si