El silencio cayó. Pesado. Sebastian la miró lentamente. Sus ojos verdes se clavaron en ella con una intensidad que hizo que Renata se tensara sin darse cuenta.
—No.
Una sola palabra, fria, cortante y definitiva.
Renata frunció levemente el ceño.
—¿Por qué no?
Él dio un paso hacia ella. Luego otro. Su presencia llenó el espacio en cuestión de segundos. Dominante. Abrumadora.
—Porque este lugar… —dijo, su voz bajando apenas, volviéndose más grave— es mío —Renata sintió un leve escalofrío recorrer