La Mansión Vegetti se alzaba imponente bajo la luz de la tarde, como un reino que no necesitaba anunciar su poder para que todos lo sintieran. Cada columna, cada ventana, cada jardín perfectamente cuidado hablaba de una dinastía que había aprendido a dominar el tiempo, el dinero… y a las personas.
El vehículo de Sebastian se detuvo frente a la entrada principal. Antes de que el motor se apagara por completo, un grupo de empleados ya se había alineado con precisión casi militar. Las puertas se a