El cielo sobre la ciudad estaba cubierto por una neblina gris cuando el vehículo negro de Antonio cruzó el último puente que lo separaba del centro. El motor rugía con una fuerza contenida, como si incluso la máquina percibiera la tensión que se acumulaba en el interior.
Antonio iba en el asiento trasero.
Inmóvil. La mirada fija en el paisaje urbano que pasaba a toda velocidad frente a sus ojos, pero sin verlo realmente.
Su mente… estaba en otra parte.
En una isla. En un yate. En unos ojos que