La lluvia continuaba cayendo sobre la ciudad cuando Sebastian tomó la mano de Renata y la condujo fuera de la cafetería. Detrás de ellos, Antonio permaneció inmóvil. Sus ojos oscuros siguieron cada paso de la pareja. La mandíbula masculina estaba completamente tensa. Pero Sebastian ya no le dedicó una sola mirada. Antes de atravesar la puerta giratoria, se detuvo apenas un instante. Giró ligeramente la cabeza. Lo suficiente para que Antonio escuchara sus últimas palabras.
—No quiero volver a ve