Santiago se estaba bañando. Allegra dormía en aquella cama, cuando abrió bien los ojos ya estaba muy entrada la madrugada, observó su teléfono celular y descubrió que estaban por dar las cinco de la mañana. Se levantó de la cama y observó a Santiago salir del cuarto de baño
—Buenos días —dijo esbozando una suave sonrisa, llevaba una toalla anudada a su cintura y tomaba de un cajón ropa para vestirse.
—¿Puedo tomar un baño?
—Claro —dijo Santiago con obviedad—. Esta es tu casa, siempre lo ha si