Cuando anocheció y Santiago seguía sin aparecer, Allegra se convenció de que tal vez no volvería. Tenía su maleta lista desde hace varias horas, pero no se decidía a marcharse. Cuando Lorna apareció en su habitación, le informó que Santiago había llegado y estaba en la biblioteca, la joven bajó junto con su maleta, como alma en pena.
Tocó antes de entrar, pero sin respuesta se aventuró a entrar sin permiso. Santiago estaba de pie al fondo de la biblioteca.
—Hola —dijo ella por decir cualquier