Pasaron seis largos meses. Allegra había vuelto a trabajar como maestra en la escuela que dirigía su amiga Melanie. Vivía en el antiguo departamento. A pesar de que había estado muy triste por el rompimiento con Santiago, no se había rendido. Melanie la había ayudado y apenas pudo ofrecerle el trabajo, Allegra se dedicó con ahínco, incluso trabajaba más tiempo de lo habitual. Así garantizaba tener la mente tan ocupada, que solo quedaba tiempo para dormir y no pensar en Santiago.
Aunque ya no se