Capítulo XLIV: Nadie sabe lo que tiene hasta que...
Andersonville era un barrio tranquilo y colorido, Allegra despertó temprano, salió a caminar por aquellas calles, le gustaba ese lugar, las personas eran cálidas y poco prejuiciosas, no sostenían el glamour de Miami, pero a ella no le importaba.
Siguió caminando y se sintió acechada, cuando giró encontró a Santiago Sanders detrás
—Tenías que ser tú.
—Buenos días, Allegra.
—Buenos días.
—Si piensas que te estoy siguiendo estás equivocada —dijo Santiago, ella observó la canasta que cargaba en