Allegra estaba sentada, mirando por la ventana, era un día de diciembre, habían pasado cuatro meses desde aquel incidente que casi le costaba la vida, ahora estaba recuperada de salud, pero no de ánimo. La inundaba la nostalgia. Todo lo que vivió y todo lo que quizás no podría vivir. Él venía a su mente, una y otra vez, lo extrañaba.
«Ojalá pudiera tener alas para volar a dónde estás» pensó Allegra, pero aquellos pensamientos no aminoraron su dolor.
Santiago se había esfumado de su vida, en un