Emma estaba recostada en medio de la cama con las rodillas dobladas y los muslos abiertos, su mirada estaba en el techo y de manera fugaz lo veía si no cerraba los ojos, sus manos se aferraron a la sobrecama, se mordió el labio cuando estaba a punto de llegar a ese punto de placer que la hacía estallar.
—No, pares…—la lengua de Max era implacable, no se detuvo hasta que Emma llegó a su propio clímax. Era indescriptible describir como se sentía en ese momento al escucharla llegar, su cuerpo conv