Elaine miró de nuevo aquella información que tenía en las manos, esa mañana había llegado y no le gustó nada de lo que se enteró. Aquel despacho elegante, con estantes de madera, el olor a puros caros, y una literatura enriquecedora, le recordó que tenía que regresar a New York en cuanto pudiera.
— ¿Estás lista ya para irnos, querida? —el acento británico de aquel hombre mayor, la sacó de sus pensamientos. Sonrió de manera fingida, y asintió dejando sobre aquel escritorio, los correos impresos