Jamie estaba sentado en aquella mesa del rincón de una cafetería que quedaba frente al hospital donde Emma estaba internada. Desde su lugar podía mirar a la gente, entrar y salir por la puerta principal. Había dado con información de Emma y estaba dispuesto a lograr su cometido. Bajó la mirada a la taza de café que apenas pudo comprar, y pensó en que, pronto, todos sus problemas económicos llegarían a su fin. Qué su madre podría dejar de presionarle por cumplir lo que habían planeado entre los