CAPÍTULO 6
Bianca
El sonido de la puerta cerrándose no me trajo alivio. Me quedé allí, hecha un ovillo en el suelo, con las rodillas apretadas contra el pecho y la frente apoyada en la alfombra, sintiendo cómo el frío me calaba los huesos a través de la ropa.
No sabía realmente por qué estaba llorando con tanta desesperación.
Las lágrimas me quemaban las mejillas, saladas y constantes. ¿Lloraba porque mi padre, el hombre que debía protegerme, me había vendido como si fuera ganado? ¿Lloraba porq