CAPÍTULO 65
Bianca
Salí al pasillo con el corazón encogido. Noté que, como la noche anterior, Lupe no había entrado a mi habitación; la bandeja de plata con el desayuno no estaba frente a la puerta. Ese pequeño detalle me hizo sentir más sola que nunca. Regresé a mi cama y me senté en el borde, mirando fijamente hacia la ventana. La luz del amanecer no me traía consuelo; solo iluminaba el desastre que era mi vida en esta finca.
De repente, el pomo de la puerta giró. No fue un toque suave; fue