CAPÍTULO 64
Jaxson
Al cruzar el umbral del vestíbulo cerca del amanecer, el silencio de la casa me recibió como un reproche. Pero no estaba solo.
Lupe me estaba esperando. Estaba sentada en una de las sillas del recibidor, con su delantal impecable y esa expresión de vigilia eterna que solía darme paz. En cuanto escuchó el clic de la cerradura, se puso en pie con una agilidad que desafiaba sus años.
— Jaxson, querido... —susurró, acercándose a mí. Traía entre las manos una taza de porcelana hum