CAPÍTULO 121
Vittorio Rossi
El rugido de los motores fueraborda era la única melodía que Vittorio Rossi quería escuchar. Sentado en la proa de la lancha principal, con el viento azotándole el rostro y la mandíbula tan apretada que le dolían los dientes, contemplaba la silueta de la playa que se aproximaba en la penumbra.
A su alrededor, otras tres lanchas rápidas cortaban el agua negra de la noche. Iban cargadas hasta los topes: hombres armados hasta los dientes y, lo más importante, las cajas