El día del juicio de Joana y Xavier Ferraz comienza con una atmósfera densa, cargada de tensión y expectativa. La notoriedad del caso ha atraído la atención de todo el país, y la transmisión en vivo del juicio por una cadena de televisión solo intensifica el sentimiento de exposición y humillación que Joana tanto intentó, sin éxito, controlar.
En la sala de espera del tribunal, ella está sentada en un sillón de cuero, con los ojos hinchados de tanto llorar. Sus manos, esposadas, tiemblan mientr