Al oír las palabras de su madre, Víctor siente hervir la sangre. Joana mantiene el semblante firme, como si no acabara de pronunciar una amenaza absurda. Él se aleja, respirando hondo, pero el aire parece no ser suficiente en ese momento. Su mirada furiosa se cruza con la de ella y, por primera vez, no ve a la mujer que lo crió, sino a alguien dispuesto a destruir su felicidad por un capricho absurdo.
— ¿Cómo es eso? — pregunta, con la voz temblando de indignación. — ¿Cómo se atreve a decir sem