entonces señor Daniel, yo tambien se leer tu mente, y tu vista, no preparaste esta habitación para platicar si no para comernos.
El silencio en la habitación se volvió intenso, cargado de electricidad. Daniel sintió que su corazón latía con fuerza en su pecho mientras miraba fijamente a Valeria. Había una chispa en sus ojos, un fuego que lo desafiaba a ser honesto, a no esconderse detrás de palabras cuidadosas.
Daniel dio un paso hacia adelante, acortando la distancia entre ellos, su mirada fij