Daniel, como si percibiera sus pensamientos, la estrechó un poco más fuerte, inclinando la cabeza para besar la cima de su cabello. Sentía una tranquilidad que no había experimentado en mucho tiempo, como si todos los problemas y preocupaciones del día a día se hubieran desvanecido en esos breves pero intensos momentos con Valeria.
—No te preocupes por lo que vendrá, Valeria —dijo él, su voz baja y reconfortante—. Estoy aquí, y no voy a irme a ninguna parte.
Valeria levantó la mirada, encontran