Poco después, llegaron a la cafetería. Daniel estacionó y se apresuró a abrir la puerta de Valeria.
―Vamos, reina. El licuado de galleta está a solo unos pasos.
Valeria sonrió, sintiéndose más animada. Mientras caminaban hacia la entrada, un aire fresco les envolvió, y la idea de disfrutar de algo delicioso le devolvió la energía.
Al entrar, el aroma del café fresco y los productos horneados llenó el aire, y Valeria sintió que su malestar desaparecía poco a poco.
―Aquí está, el licuado de galle