Las dos amigas continuaron conversando, riendo y soñando sobre la boda, el futuro y la vida que les esperaba. Valeria sentía que cada momento era un regalo, lleno de alegría y amor.
Una vez que terminaron de comer, Valeria sintió otra oleada de antojos.
―Hmm, creo que podría tener ganas de un helado también.
Natalia levantó una ceja, sonriendo.
―Vaya, parece que este antojo no se detiene.
Ambas se pusieron de pie, dispuestas a buscar una heladería cercana. Mientras caminaban, Valeria sintió que