El doctor Lambert sufrió un sobresalto apenas escuchó lo que Ava decía.
Jamás habría esperado que esa muchacha, con rostro dulce y ojos siempre tan llenos de ingenuidad, hubiera descubierto el error médico que él tanto había intentado enterrar bajo capas de formalidad y rutinas. Mucho menos habría imaginado que tendría la osadía de presentarse allí, frente a él, para pedirle algo tan delicado como que la ayudara con su embarazo.
El aire de la consulta, cargado con el aroma a desinfectante y a