El aire se siente pesado con la tensión cuando el aullido de advertencia resuena por todo el territorio de Stormwood. Los centinelas en la frontera han dado la señal: la manada rival está aquí. La noticia se esparce como fuego entre los lobos, y en cuestión de minutos, Einar está de pie en el centro del campamento, reuniendo a sus guerreros.
—¡Todos a sus posiciones! —ordena, su voz resonando con autoridad—. Nadie cruza la primera línea sin mi señal.
A su lado, Caleb permanece inmóvil, con los