El sol apenas comienza a asomarse cuando Lía se encuentra en el límite del territorio de Stormwood, sosteniendo a su hijo en brazos. El bebé, ajeno al caos que los rodea, duerme profundamente, su pequeño rostro tranquilo contra el pecho de su madre. Einar está a su lado, con la mandíbula tensa y los ojos clavados en el horizonte. Detrás de ellos, un grupo de lobos de confianza carga provisiones en un vehículo discreto, preparándose para el viaje.
—¿Estás segura de esto? —pregunta Einar, su voz