Lía se sienta en la pequeña sala de la cabaña, con las manos cruzadas sobre su regazo. El fuego de la chimenea proyecta sombras cálidas sobre las paredes, pero no logra calmar el torbellino de emociones que siente. Frente a ella, Einar está de pie, inmóvil, como si temiera que cualquier movimiento pudiera romper el frágil equilibrio que hay entre ellos.
El silencio se extiende entre ambos, pesado y cargado de expectativas. Finalmente, Lía levanta la mirada, enfrentándolo con una