Naomi.
Una vez en el patio, nos sentamos en unas bancas de piedra y yo no dejaba de ver al hombre que decía ser mi padre.
Se parecía tontamente a mí. Cabello negro como el carbón y brillante gracias a la iluminación del sol, y sus ojos…
Tensé la mandíbula. Él nos abandonó cuando se enteró de mi existencia.
—¿Qué es lo que buscas? —pregunté, directo al grano.
Silas se sorprendió ante mi frialdad. No planeaba perdonarlo y llevarme bien con él.
—Nuestras manadas son enemigas, y tan pronto com