Vanessa sintió su corazón acelerado, pero esta vez no por enojo ni dolor, sino por la intensidad en los ojos de Alex. Sabía que estaban al borde de algo… de algo que había estado conteniéndose por demasiado tiempo.
Respiró hondo y, con una pequeña sonrisa juguetona, dejó caer la bomba:
—Por cierto… también recuerdo lo que pasó hace unos días.
Alex arqueó una ceja, su expresión pasando de la sorpresa a una diversión peligrosa.
—¿Ah, sí? —murmuró, cruzándose de brazos con una sonrisa ladeada—. ¿Y