El auditorio estaba lleno. Estudiantes con sus togas y birretes se acomodaban en sus asientos mientras los familiares y amigos tomaban fotos desde sus lugares. La emoción en el ambiente era palpable.
Vanessa sentía los nervios en el estómago, pero no por la graduación en sí, sino porque sabía que Alex y sus padres estaban en la audiencia.
—No puedo creer que este día finalmente llegó —susurró Sofía a su lado.
—Después de todo lo que pasamos, sí, es un milagro —añadió Mariana, ajustándose el bir