Victoria Montenegro estaba sentada en un exclusivo café de la ciudad, con su postura elegante y su mirada calculadora. Frente a ella, una mujer rubia de ojos verdes removía su té con lentitud, sin disimular su interés.
—Hacía tiempo que no me llamabas, Victoria —dijo la mujer con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. ¿A qué se debe este encuentro tan… especial?
Victoria le dedicó una mirada afilada antes de soltar la bomba.
—Es Alexandro. Necesito que lo recuperes.
La mujer dejó la cucharilla