Vanessa llegó a la oficina con un brillo especial en los ojos, algo que ni siquiera intentó ocultar. Sofía y Mariana la estaban esperando con café en mano y una mirada llena de sospechas.
—Buenos días, señora de Montenegro —canturreó Sofía con una sonrisa traviesa.
Vanessa rodó los ojos, pero no pudo evitar reírse mientras dejaba su bolso en el escritorio.
—¿Por qué esa cara de felicidad? —preguntó Mariana, entornando los ojos—. A ver, suéltalo de una vez.
Vanessa tomó su café con calma, disfru