Vanessa estaba sentada en el sofá de la casa, rodeada de papeles, fotos antiguas y el misterioso diario que Alex le había mostrado. La caja de madera con las iniciales “M.M.” estaba abierta frente a ella, revelando cartas y una pequeña llave envejecida que parecía contener secretos de otro tiempo.
Mientras pasaba los dedos por la gastada tinta de una de las cartas, un sonido repentino la sacó de su concentración: el timbre de la casa sonó con insistencia.
Nico, que hasta ese momento estaba echa