Naomi escuchó que llamaban a la puerta de su habitación, pero decidió ignorarlo. Probablemente era alguien del personal del resort, y no se le ocurría ninguna razón lo bastante importante como para que la molestaran un domingo por la mañana.
Se había quedado en la fiesta hasta cerca de las dos de la madrugada y estaba completamente agotada.
Cerró los ojos con la esperanza de que quien estuviera afuera se rindiera y se marchara.
No tuvo tanta suerte.
Los golpes volvieron a escucharse.
—Maldición