Teo se dejó caer sobre el sofá y, antes de que Hannah pudiera sentarse a su lado, la tomó de la mano y la atrajo hacia él para acomodarla de lado sobre su regazo. Luego rodeó su cintura con ambos brazos, apoyó el mentón en su hombro e inhaló hondo. Su aroma era suave y tan familiar ya, que bastaba respirarlo para sentir una calma que solo ella podía darle.
¿Quién hubiera dicho que era del tipo que disfrutaba simplemente de quedarse abrazado a su pareja? Ninguna de las mujeres con las que había