Hannah intentó levantarse, pero la mano de Teo se deslizó por su abdomen y la atrajo de nuevo a su lado.
—¿A dónde vas tan temprano? —murmuró con la voz ronca por el sueño—. ¿No se supone que hoy no te toca filmar?
—Sí, pero ya son más de las ocho.
—¿Y qué tiene? —susurró él, dándole un beso perezoso en la mejilla—. Podemos quedarnos en cama todo el día.
El estómago de Teo hizo un ruido tan pronto como terminó de hablar.
Hannah soltó una carcajada.
—Parece que tu cuerpo no está de acuerdo c