Teo estaba terminando su entrenamiento cuando su celular comenzó a sonar. Tenía el cuerpo cubierto de sudor y la respiración acelerada. Tomó una toalla del armario, se la colgó al cuello y se limpió el rostro con un extremo. Luego levantó su teléfono.
Sonrió al ver el nombre de Hannah en la pantalla. Su reacción ya no lo sorprendía—no como antes—, pero seguía sin entender cómo algo tan simple como una llamada suya podía hacerlo comportarse de formas que no eran típicas en él.
Era la primera vez