Hannah se dejó caer de espaldas sobre la cama, pero apenas unos segundos después se incorporó para tomar su bolso y sacar el celular. Regresó a la cama, se acomodó entre las almohadas y marcó el número de Teo.
—Hola, cara mia.
Una sonrisa se dibujó en su rostro apenas escuchó su voz. Cerró los ojos e imaginó que estaba en casa, que él se encontraba en algún rincón de la habitación. Si se concentraba lo suficiente, casi podía verlo con claridad, su figura llenando la habitación.
—Hola, galán. Ac