La respuesta no tardó en llegarle: se había enamorado de él.
Se detuvo en seco.
¿Cómo no iba a hacerlo? Teo era diferente a lo que había creído. Era sensible, detallista y se había preocupado por ella como nadie antes.
No estaba segura de cuándo había sucedido, pero no había duda de que lo amaba.
Por eso su corazón se le aceleraba como si fuera a salirse del pecho con una sola sonrisa suya.
Enseguida se recordó que todo era un contrato, algo con fecha de caducidad, y su humor se ensombreció.