—No necesitas tenerme lástima, Teo. Ya superé lo que pasó. No voy a romperme si me tocas. —A Hannah no se le ocurrió nada más que decir y, de repente, se sintió avergonzada por estar allí, intentando convencerlo de acostarse con ella—. Olvídalo. Creo que necesito volver a mi habitación y descansar. Hasta mañana.
Hannah intentó levantarse, pero Teo aumentó la presión sobre sus caderas, manteniéndola sobre sus piernas.
—No sé qué ideas te estás haciendo en tu cabecita, pero deshazte de ellas. So