Los labios de Hannah sabían a una mezcla entre champán y algo dulce. Eran adictivos. ¿Cómo podía explicarse, si no, que cada vez que la besaba lo dejaba queriendo más?
Y esa noche había sido peor. No había desaprovechado ninguna de las oportunidades que se le habían presentado para hacerlo, usando al público que los rodeaba como excusa, aunque ni una sola de las veces lo había hecho por ellos.
Sin embargo, no fue hasta ese momento que pudo besarla como realmente había querido: sin reservas, sin