Debía ser una broma de mal gusto.
Como si Hannah no hubiera tenido suficiente con Nora, ahora tenía que lidiar con la última conquista de Teo.
Sarah era incluso más hermosa en persona. Tenía ese aire de dulzura que cautivaba miradas y un pequeño hoyuelo que se formaba en su mejilla izquierda al sonreír.
—Preziosa, te presento a Sarah —dijo él con su tono perfectamente controlado—. Sarah, mi esposa, Hannah Brooks. Aunque estoy seguro de que ya la conoces —añadió, con una sonrisa —, es difícil no