Ethan levantó la mirada cuando llamaron a la puerta.
Naomi entró enseguida en su oficina con esa sonrisa que parecía iluminar cualquier habitación en la que entraba. De repente, su estado de ánimo mejoró y se encontró devolviéndole la sonrisa.
—¿Estás listo para irnos? —preguntó ella desde el umbral.
—Necesito terminar unos documentos. —Revisó su reloj de muñeca—. ¿Puedes darme quince minutos?
—Está bien.
Naomi caminó hasta el sofá y se dejó caer. Luego se inclinó hacia la mesa de centro y leva