Naomi bajó del taxi y se dirigió hacia el restaurante. En cuanto cruzó la entrada, el sonido de los cubiertos y las conversaciones la envolvió.
—Buenas noches —la saludó una mujer—. ¿Tiene alguna reservación?
—No.
—Está bien, tenemos algunas mesas disponibles. ¿Será solo usted?
—Alguien más se unirá.
—Por supuesto. Sígame, por aquí.
La mujer la guió hasta una mesa cerca del centro del restaurante. El lugar estaba medianamente lleno, con un murmullo constante que le daba cierta calidez.
—En un m