Piper se dejó caer sobre el sofá con un suspiro de agotamiento. Sus músculos protestaron por el brusco movimiento, aunque sus pies agradecieron al fin el tan ansiado descanso. Su estado físico daba pena, por decirlo suavemente.
Había sido solo una caminata de una hora, pero ella la sentía como si hubiera cumplido una penitencia de ida y vuelta al inframundo. La ida, por la mañana, había durado casi el doble del tiempo, y en el último tramo habría podido jurar que sus pulmones saldrían de su cue