Durante las últimas dos semanas, Teo apenas había visto a Hannah. Ella salía temprano por las mañanas y, por las noches, a menudo llegaba tarde así que no solían cenar juntos. Las pocas veces que lo hacían, se limitaban a resumir sus días en unas cuantas frases.
Se habían convertido en dos compañeros de casa con vidas separadas. No habían vuelto a discutir —de hecho, Hannah siempre era cortés con él—, pero Teo extrañaba la cercanía que habían empezado a construir durante la primera semana junto