Teo dejó caer los libretos sobre la mesa y soltó un suspiro de agotamiento. Reclinó su cabeza en el sillón y cerró los ojos.
Llevaba desde la cena revisando los mismos guiones que había leído los últimos días, esperando que, por alguna razón, esta vez alguno le resultara más atractivo que la última vez. Pero nada en ellos había cambiado. Eran los mismos personajes previsibles, las mismas historias repetidas.
Su carrera se había disparado hasta la cima en los últimos años, pero, por mucho éxito