Ivy se giró hacia Adeline, que estaba a su lado, puso los ojos en blanco y murmuró con fastidio: —Qué pesadilla.
La expresión de Adeline permaneció tranquila mientras le daba a su amiga una palmadita reconfortante en la espalda. En ese momento, Sienna se dirigió a Adeline con una voz que pretendía ser inocente: —Hermana, me enteré de que pediste este pastel. Seguro que lo compraste en esa pastelería que tanto le gusta a Damian, ¿verdad? Se ve muy bonito.
Ivy, sin perder un segundo, cortó una re