Sienna se quedó petrificada en el pavimento del garaje de Winslow Heights. Las palabras de Damian resonaban en su cabeza como campanas fúnebres: la había usado para poner a prueba a Adelina. ¿Qué significaba eso? ¿Acaso era solo un peón en un juego de ajedrez matrimonial que ella creía estar ganando?
—Dami... —intentó balbucear, estirando la mano hacia el cristal tintado del Bentley.
—Señorita Sienna, por favor, hágase a un lado —intervino Amy con una firmeza profesional que no admitía réplicas