—¿Quizás si se lo cuento se sentirá culpable y te devolverá el cuadro? —insistió Ivy a través de la línea.
Adelina guardó un silencio pesado, mirando hacia la oscuridad de la noche desde su habitación de hotel. El dolor no era solo por el objeto, sino por el simbolismo. Si Damian le hubiera dado el cuadro a cualquier otra persona en el mundo, ella no se habría sentido tan vulnerada. Pero dárselo a Sienna era como entregarle las cenizas de su madre a su peor enemiga.
—¿Adelina? ¿Sigues ahí? —pre